24 EL INCENDIO DEL CAÑAVERAL Y LA MANO PODEROSA.
Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa Inés.
En los años de 1950, Santa Inés despertó con el cielo herido. No fue un alba de rocío y canto, sino un alba teñida de ocre y brasa, como si la tierra misma hubiera exhalado un sueño ardiente. El cañaveral de Alberto Walther, aquella hacienda prospera, verde que había alimentado generaciones, ardía. El pueblo amaneció impactado, y aquello fue como un gallinero, un revuelo de voces, de sombras que se cruzaban, de ojos abiertos a lo imposible.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa? se preguntaban unos a otros, mientras las lenguas de fuego devoraban el cañaveral. Fuego, humo y ruido. El miedo era un animal suelto en las calles de tierra.
En el alboroto una figura se destacaba tal cual "Radio Rumbo" o " YVKE Mundial", según se llamaba Rosa (me dijeron el apellido pero no lo voy a escribir), Rosa, corría de arriba a abajo, persiguiendo los rumores. Iba hacia la parte alta del pueblo y regresaba con el aliento entrecortado, trayendo mensajes que alimentaban la ansiedad.
!El incendio ya viene pal pueblo, nos vamos a morir! !El viento está soplando para acá ! !El candelero está llegando a la Capilla!
Obvio que eran exageraciones, sí, pero el pánico las convertía en profecías.
La gente pasó el día entero con aquel nudo en la garganta, oyendo cómo según el viento cambiaba de rumbo, cómo las brasas parecían tener voluntad propia y cuando la noche cayó, el cielo ya no era cielo, era un candelero colgado sobre el pueblo. La gente permaneció en vela, pendiente del resplandor y comentando sobre aquella tragedia.
Al otro día, la cuestión seguía, el fuego no cedía. Entonces, alguien habló. Lo había oído de boca de su madre, o quizás fue su madre quien lo repitió, como un eco que atraviesa generaciones
!Saquemos la Mano Poderosa!
¿Qué es eso?, se preguntaban algunos aún en el asombro. Pero ya lo sabían los mayores la "Mano Poderosa" ese cuadro objeto de devoción religiosa popular, que representa la "mano llagada de Jesucristo", que guardaba la señora Luisa García. La imagen estaba montada en cartón, protegida por un vidrio y colgaba de la pared en un altarcito que Luisa, tenía en su casa.
Ya nos había salvado antes. Cuando la "Palma en el Cielo", aquel presagio que duró tres días y tres noches, esa imágen en el cielo, suspendida como una espada de fuego que amenazaba caer sobre nuestras cabezas, por allá por 1910, cuando se veía algo más allá de las nubes cruzando la tierra y todos lo observaban con el pecho encogido, la gente se reunió y fue a hablar con Luisa García, y ella sacó la "Mano Poderosa". Entonces se hiso una procesión en la noche y la palma del cielo desapareció. (Aquel suceso sñeguro se trató del paso del cometa Halley). Ahora, cuarenta y pico años después el fuego volvía a pedir memoria. La gente se congregó, fue a llamar a la señora Luisa y ella, sin prisa y sin pausa, descolgó el cuadrito. La procesión comenzó de rodillas, recorriendo las calles de Santa Inés, rezaban con la "Mano Poderosa" al frente. El aire se volvió denso, como si la tierra contuviera el aliento.
No sé sabe que pasó, si fue que llovió, o si el viento giró hacia el río, o si fue la devoción misma la que doblegó las llamas, pero el incendio se apagó, no llegó al pueblo. Aquellas alarmas de que venía por la capilla, que era un mar de lenguas de fuego que brotaban como rosas terribles se desvanecieron en ceniza y silencio. Todo, según los que creen, gracias a la intervención de la "Mano Poderosa".
Pero el epílogo, ah, el epílogo del cuento, es que mientras los adultos obviamente se lamentaban y comentaban de que Alberto Walther había perdido toda la siembra ¡qué horror, qué desgracia!, los guarichos gozaban, se daban vida comiendo caña de azúcar quemada. ¡Qué exquisito sabor tenía esa caña! Alguien fue al terreno, recogió lotes de caña quemada, la distribuyó entre la gente y aquello fue según un manjar divino. El fuego, que había sido un monstruo, se volvió un festín.
Santa Inés no olvidó. Guardó aquel año en su memoria como un cuento de brasas, humo y rezos, donde lo fantástico no era un adorno, sino el aliento mismo de lo vivido. Y cuando el viento sopla desde el río, todavía se dice que la "Mano Poderosa" esa noche del incendio, escuchó el llanto de un pueblo y apagó el cielo.
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