sábado, 11 de abril de 2026

23 LA ENCANTADA DEL PUEBLO. Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa Inés.

 

23 LA ENCANTADA DEL PUEBLO.

Se llamaba Petra, decía ser la princesa dilecta, protegida y amada por los Encantados, siempre contaba que estos seres de luz la llevaban al Remolino y que allí debajo del agua había Palacios de Lujo donde le ofrendaban joyas que no eran de este mundo, oro de brillo deslumbrante y gemas que palpitaban como corazones.

A diario la veíamos caminar y perderse por la calle que va hacia la parte del rio que llamamos La Cochina, y por ahí está el pozo donde se bañaban las niñas y más adelante el Remolino, que era el lecho donde Petra decía que visitaba a los Encantados. Ese Remolino era un sitio donde solo se bañaban los hombres allí no acostumbraban a ir las mujeres por eso mismo de ser sitio de los Encantados, además de que esa es la parte más honda del río. Petra, regresaba de sus caminatas con la mirada encendida, asegurando que traía en su cartera Joyas y Morocotas de Oro, regalos de los Encantados del río.

Nadie recuerda su origen, decían que en su juventud fue un prodigio de belleza y linaje, una dama de seda y letras que entregó su corazón a un hombre que solo sabía de inviernos, y cuya desolación terminó por fracturar su cordura, arrojándola a los brazos de lo sobrenatural.

Deambulaba por las calles pidiendo, por allí en los negocios, y las casas donde la gente buena le ayudaba.

¡Comaíta, Comaíta ¡le decía a mi abuela, entonces mi abuela salía con algo y le daba.

Vivió por cerca del estadio, pero se le cayó al rancho en un invierno, de madrugada su casa de bahareque y techo de palma se desmoronó, literalmente se cayeron las paredes y el techo cayó intacto al suelo como un sombrero y la cubrió, Petra emergió de entre los escombros, ilesa, como si los mismos Encantados hubieran sostenido el aire para salvar a su protegida, no le pasó nada, ella salió arrastrándose y la noticia corrió como bomba, el pueblo se sumó a ayudar.

Fue entonces cuando la curiosidad de los niños desafió al misterio. Varias pequeñas se filtraron en las ruinas, buscando el botín de leyendas que Petra custodiaba. Al abrir un viejo baúl, el hechizo pareció romperse, pues no hubo destellos de oro ni encajes de lencería fina, solo hallaron piedras de río de diversos tamaños y paños laboriosamente bordados, pero carentes de valor material. El "Tesoro de los Encantados" era, a ojos de los mortales, un puñado de guijarros y lino viejo.

Después vivió por la calle Las Piedras cerca del negocio de Carmen Dolores. Envuelta en una soledad que solo ella sabía compartir. Cuando la muerte finalmente reclamó su cuerpo, el pueblo, en un acto de piedad colectiva, costeó su último refugio de madera y tierra.

Pero, los Encantados no olvidan a los suyos y mucho menos a la que fue su novia dilecta. 

Cuentan que en la noche después que la enterraron, un viento gélido y violento barrió Santa Inés, arrancando láminas de zinc como si fueran hojas secas. Y lo más interesante y creo yo propio de las cosas que pasaban en Santa Inés, es que desde el cementerio brotó una algarabía sobrenatural una música estruendosa, cánticos de ebriedad divina y lamentos que hacían vibrar los muros, pero no era gente, eran Los Encantados. Los vecinos, asomados con el corazón en un hilo tras las tapias, no vieron a nadie. El camposanto estaba vacío a la vista, pero lleno al oído. Eran ellos, los señores del río, que celebraban con estrépito el regreso de Petra a sus dominios, manteniendo el concierto de sombras hasta que el reloj marcó el silencio de la medianoche.

Hoy día la silueta de Petra se desdibuja en el camino hacia la Cochina y su risa puede oírse al soplar la brisa. Hay quienes, sin saber esta historia, afirman haber hablado con una mujer sentada a las orillas del Remolino. Es todo.

23 LA ENCANTADA DEL PUEBLO. Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa Inés.

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