lunes, 16 de febrero de 2026

00 A MANERA DE PRÓLOGO. Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa Inés.

 

PRÓLOGO. Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa Inés.

Hay lugares que no figuran en los mapas con la tinta de los geógrafos, sino con la memoria del alma. Santa Inés es uno de ellos. No es solo un punto en el estado Anzoátegui, ni una mancha verde entre el río Aragua y los cerros que guardan secretos desde antes de que llegaran los primeros. Santa Inés es un latido. Es el susurro del viento entre las matas de yaque, el eco de pasos descalzos sobre tierra mojada después de la lluvia, el fulgor de una lámpara de querosén iluminando rostros que tejían historias mientras afuera la noche se poblaba de encantados y de estrellas.

Este libro, humildemente, nace de esa luz tenue. Nace de las noches en la casa de mis abuelos, donde el tiempo se detenía entre el crujir de las mecedoras y el aroma a café recién colado. Allí, en ese santuario de sabiduría sencilla, aprendí que los pueblos pequeños albergan las historias más grandes. Mis abuelos, con sus manos surcadas como el mapa de nuestra tierra, deshilachaban relatos donde lo real y lo fantástico caminaban tomados de la mano, el Chivato, los Encantados de la Toma que protegían el agua, los Guerrilleros que alguna vez cruzaron esas montañas dejando huella no solo en la historia oficial, sino en el alma colectiva de quienes quedamos.

Estos cuentos no son solo recuerdos. Son actos de resistencia. En una época que olvida con prisa, escribir sobre Santa Inés es defender la memoria como territorio sagrado. Es honrar a quienes entendieron que la verdadera riqueza de un pueblo no está en lo que produce, sino en su gente, en sus tradiciones, en sus creencias, en lo que recuerda; no en lo que exporta, sino en lo que se narra alrededor de un fogón.

Algunas de estas historias tienen el sabor del folclore que corre de boca en boca desde generaciones. Otras nacen de hechos que nos marcaron a fuego, a mi familia y a nuestra gente. Todas, sin excepción, están impregnadas del polvo de nuestros caminos, del canto de las guacharacas al amanecer y de esa mezcla única de lo terrenal y lo misterioso que solo se respira aquí, donde el monte parece contar historias si uno las sabe escuchar.

Que estas páginas sean puente. Puente entre quienes nunca pisaron estas tierras y quienes las llevamos tatuadas en el corazón. Puente entre los abuelos que nos dieron raíces y los nietos que merecen conocer de dónde brota su savia. Puente entre lo que fuimos y lo que, contra viento y marea, seguimos siendo. Eso es lo que pretendo.

Porque Santa Inés no está solo en un lugar, está donde quiera que alguien recuerde que los mejores tesoros no se guardan en cofres, sino en el eco de una voz que, una noche cualquiera, a la luz de una vela nos dijo "Vengan acá, mis hijos, que les voy a contar..."

PRÒLOGO. Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa Inés.


Carlos Julio Rivas Galindo

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