03 EL CHIVATO
Población de Santa Inés, estado Anzoátegui, año 1950.
A las 12:00 de la noche como todos los días apagaban la
planta eléctrica y el pueblo quedaba totalmente a oscuras y en silencio.
A esa hora podía escucharse a lo lejos el aterrador
"balido" o grito del " Chivato" caminando por las
solitarias calles del pueblo.
El que afirmaba haberlo visto lo describió como un ser
tenebroso, con cachos como un venado, de andar en dos patas, sus pisadas
mercaban huellas como las de un chivo, y según a su transitar las calles olían
a muerto podrido. Se escuchaban sus agudos pasos al desplazarse por los techos de
las casas.
Cuando se apagaba la planta, la gente agudizaba sus oídos
para escucharlo, crucifijo y cabezas de ajo en las manos, baño de agua bendita
en las puertas y ventanas de las casas.
Albertico, el de la bodega juró verlo, Morocho, lo oyó, Ali,
informó que le llevo dos gallinas y Guaniquito, guapo del pueblo prometió
cazarlo:
" Vamos a cazarlo esta noche Darío, lo esperamos en la
esquina de Morocho , yo tengo un revólver Smith Wesson, Cal 38 cañón largo y 50
cápsulas" le dijo.
" Que va, yo con eso no me meto, además a eso no le
entra balas" , haciéndose la Cruz, le contestó.
Esa noche Darío, como todas las noches al apagarse la planta
eléctrica, salía a escondidas a encontrarse con un amor secreto, mujer viuda
del pueblo, conocida por su " decencia" y reputación, pero que todas
las noches amparada en la oscuridad, abría las puertas de su aposento y su
corazón a Darío, para embriagarse del amor prohibido, secreto y pasional.
Darío, vestido con una lona oscura, unos cachos de venado,
hacia los "balidos" de chivo para espantar a los curiosos y lanzaba
piedritas a los techos para marcar el camino del endemoniado espanto. Así nadie
lo veía.
Darío, era el Chivato. Su cómplice era su amigo Caribito.
Pero, esta vez estaba Guaniquito, en la esquina de Morocho
esperándolo, blanco de pánico, el revólver en la mano derecha, en la izquierda
una biblia y en su mente rezando la oración de la Cruz de Caravaca
" ... Si ojos tiene, que no me vea, si manos tiene que
no me agarré, yo me encomiendo a la Cruz..."
Darío, al verlo y conociendo sus intenciones, amparado en la
oscuridad, con un gomero y a prudente distancia le lanzó sendas pedradas en las
rodillas, mientras hacía balidos como un chivo.
Guaniquito sin poder verlo, caía al suelo y se levantaba,
para luego caerse, herido de las piernas, hacia disparos a diestra y siniestra
sin atinar a nadie ni a nada.
Los curiosos desde sus ventanas y su imaginación, podían ver
cómo Guaniquito peleaba con un invisible espanto que lo golpeaba y lo tiraba al
suelo.
Al otro día todos admiraban las marcas de los
"golpes" que el chivato le dio a pesar de que según Guaniquito, con
valentía le pegó cinco tiros de los seis que le disparó.
"Que va ese bicho no se moría" comentaba.
Así solían transcurrir las noches de los habitantes de Santa
Inés, los espantos, ladrones y amantes secretos, hasta que en los años 70 llegó
la luz eléctrica permanente y se dejó de oír el espanto que todos llamaban
" El Chivato".
EL CHIVATO. Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa Inés.
Carlos Julio Rivas Galindo
04129394648 04160817828

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