MI ABUELO EL RESUCITADO.
Santa Inés, Edo. Anzoátegui. Año 1940.
En una vivienda de paredes de bahareque, con frisos de
cemento y techo de "latas de verá" y tejas. Bien construida. En el
amplio salón principal allí era velado un hombre, su nombre era Aníbal, quién de una fuerte diarrea había
muerto hacia tres días, según el médico del pueblo a causa de un ataque al
corazón.
Su viuda Rafaela lo lloraba desconsoladamente, todo el
pueblo participaba del velorio. Como de costumbre la calle fue cerrada con los
bancos de la iglesia y adentro de la casa a pesar de lo amplio del salón, no
cabía una persona más. Afuera los vecinos y deudos compartían café,
cigarrillos, ron y chocolate caliente
A eso de las 9:00 de la noche, ante la mirada atónita de los
presentes, el difunto se levantó. El muerto se levantó.
Entre gritos desesperados, pánico y confusión, los presentes
huyeron del lugar, atropellándose unos a otros. Dicen que en el alambrado de
púas del solar de la casa, amaneció piel y ropas de los presentes en el
velorio, que en la huida, también rompieron la cerca.
El muerto se había levantado.
Al salir del cajón donde lo velaban y al intentar caminar
cayó al suelo, vomitando una pasta nauseabunda. Solo su mujer permaneció en el
lugar.
Agarrándolo por la cintura lo ayudo a caminar hasta su casa.
A su paso nadie se acercaba, la gente que los veía luego de hacerse la señal de
la cruz, cerraban sus puertas y ventanas.
Una turba enardecida, confundida y temerosa pretendía quemar
la casa donde decían estaba " el muerto resucitado"
Junto con los únicos dos policías del pueblo, se presentó el
cura y el médico rural.
El sacerdote ataviado con un collar de San Benito, ingreso a
la casa, donde además habitaban unos niños, hijos de la pareja.
“¿Quién eres? preguntó el Cura, al momento que rociaba agua
bendita sobre el hombre maltrecho y "resucitado"
“Soy yo Aníbal, usted me conoce."
“Vengo de un viaje de tres días, acompañado por este ser que tengo a mi lado y que seguro usted tampoco puede ver. "
¿Cómo es ese viaje del que hablas, hijo mío, cuéntame más,
acaso viste el cielo o el inferno?
“Me encontré en un camino de tierra, desolado, solo y
confundido, por el que caminé y caminé, sabía que había alguien a mi lado pero
no podía verlo. Fuera del camino había espinas y piedras filosas. No sé si era
el cielo o el infierno. A lo largo de mi recorrido pase por seis casas, donde
se me dio cobijo y en cada una de ellas me atendió un ser especial, tal vez un
ángel, me dieron alimento, agua y una cama cómoda, pero se me ordenaba volver
al camino, y continuar."
"La última casa, la número siete, no tenía puertas ni
ventanas, se me ordenó entrar a como diera lugar. No era mi tiempo de estar
ahí."
"Subí al techo de esa casa y retirando las tejas
ingresé al interior y me recosté en un catre, que como único mueble allí
estaba.
Cuando desperté estaba en el salón de la casona donde me
velaban y era mi propio velorio"
"Eso no es posible", dijo el cura. "Háblame
de ese ser que dices te acompaña."
“No sé cómo es, pues no lo veo, solo sé que está aquí,
conmigo, desde que aparecí en aquel camino" contestó Don Aníbal.
Catalepsia, determinó el doctor, y los posteriores exámenes
médicos realizados.
Esta es una historia vivida y mil veces contada por mi
abuelo Don Aníbal, existen muchas publicaciones, entrevistas y grabaciones en casettes dónde èl relataba
esta historia.
EL RESUCITADO. Cuentos de mis abuelos y de mi pueblo Santa
Inés.
Carlos Julio Rivas Galindo.
0412 9394648 04160817828
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